Hace meses que no escribo nada aquí....
Y no porque no hayan pasado cosas… quizá justamente por eso.
Hay etapas donde escribir se vuelve una forma de respirar, una manera de sacar el exceso de ruido antes de que reviente por dentro, pero también existen momentos donde uno deja de narrarse porque por fin está ocupado viviendo algo que no quiere interrumpir poniéndole nombre demasiado rápido.
Y desde diciembre me pasó eso.... Todo quedó suspendido después de esos textos: el cuerpo cansado, la cabeza saturada, el humo llenando espacios donde antes había preguntas, los días mezclándose entre canciones a medias, dibujos sin terminar, insomnio, gatos cruzando el departamento como pequeños guardianes del caos… y yo ahí, atrapado en esa forma rara de existir donde uno no está exactamente destruido, pero tampoco sabe hacia dónde está avanzando.
Recuerdo que en enero se suponía que todo iba a empezar:
- Las vacaciones.
- La organización.
- Los nuevos hábitos.
- La música.
- Los proyectos.
- La idea de tomar impulso antes de volver a clases.
Y claro… nunca pasa así. (Nunca)
El tiempo se volvió líquido otra vez; días enteros perdiéndose entre pensamientos, playlists repetidas, humo flotando lento contra la ventana y esa sensación peligrosa de que todavía había tiempo para empezar mañana.... noches de bohemia rodeado de gente que tampoco quiere volver a casa.
Y entonces algo empezó a moverse... No de golpe.
No como esas películas donde la vida cambia con una escena perfecta y una canción de fondo; fue más silencioso y más humano, más parecido a despertarse una mañana y darse cuenta de que el aire pesa distinto aunque el mundo siga exactamente igual.
Ella tuvo mucho que ver con eso.... O quizá no... No sé... Y, honestamente ya no me importa encontrar una explicación exacta.
Porque hay personas que llegan haciendo ruido y otras que simplemente reorganizan algo dentro de ti sin tocar demasiado.... ellla siempre fue así conmigo.
La conocí hace muchos años y desde el inicio hubo algo en sus ojos que me dejó quieto... Hasta ahora no sé describirlo bien, no era solamente belleza... Tal vez misterio, tal vez otra cosa… una forma de mirar que parecía quedarse pensando incluso después de que la conversación terminaba... Como si siempre existiera una profundidad tranquila detrás de todo.
Y después estaba su sonrisa: No perfecta, no calculada, Real... De esas sonrisas que aparecen apenas inclinadas, como si se escaparan antes de tiempo... Y claro… sus labios; ese lunar pequeño sobre el labio que mi memoria decidió conservar intacto durante dos décadas completas... A veces pienso que podría olvidar calles enteras de mi vida y aun así recordar exactamente ese detalle... Y su cabello... sus rulos nunca obedecen del todo. Siempre hay uno escapando hacia algún lado, sobreviviendo al intento de orden.
Me gusta eso.... Hay algo libre en ella incluso cuando está quieta y creo que por eso nunca dejó de gustarme... Porque nunca sentí que estuviera actuando.
Fuimos adolescentes besándonos bajo un árbol a mitad de la noche, después fuimos amigos, luego casi desconocidos por temporadas... Compartimos relaciones ajenas, conversaciones eternas, amigos en común, salidas, juegos, viajes, silencios cómodos… incluso olvidamos esa broma sobre casarnos algún día, dicha entre risas para no admitir que una parte de nosotros sí podía imaginarlo...
Y el tiempo siguió pasando.
Mientras tanto yo seguía peleando conmigo mismo, con mi cabeza, con mis hábitos y con esa ansiedad constante que me hacía sentir que siempre estaba llegando tarde a mi propia vida.
El humo, el alcohol y la bohemia empezaron a volverse rutina, no por rebeldía ni pose... Más bien como una forma torpe de bajar el volumen interno... De callar pensamientos suficientes minutos como para poder dormir sin sentir que mi mente se estaba incendiando sola.
Y aun así, incluso en medio de todo eso, algo dentro de mí seguía intentando avanzar.
Mientras tanto, afuera también empezaron a moverse cosas que llevaban demasiado tiempo quietas.
Canciones encontrando cuerpo, ideas dejando de parecer borradores... Proyectos que durante años existieron solamente en conversaciones de madrugada empezando, por fin, a respirar fuera de mi cabeza... No sé si tenga relación con ella, pero últimamente siento menos necesidad de desaparecer de mí mismo y eso quizá sea lo más extraño de todo.
Porque no… no creo que alguien venga mágicamente a salvarte la vida.
Pero sí creo que existen personas cuya presencia hace que destruirte deje de sentirse tan necesario....
Ella hizo eso conmigo.
- No desde el control.
- No desde la exigencia.
- No desde los celos ni el miedo.
Sino desde una calma rarísima que nunca había vivido de esta manera... por que con ella no siento que tengo que esconder mis partes rotas para gritar que merezco amor... Tampoco siento esa necesidad desesperada de demostrar algo todo el tiempo.
- Hay espacio.
- Hay silencio cómodo.
- Hay confianza.
Y hay algo muy extraño en descubrir que alguien puede mirarte tantos años sin que el cariño se desgaste en el proceso...
[...]
A veces hablamos del futuro y me da risa lo natural que se siente.. Como si ciertas conversaciones hubieran estado esperando años para existir, elegir canciones para un momento que todavía no existe, discutir colores... Perdernos imaginando ciudades donde ninguno ha estado, quedarnos callados unos segundos y aun así entender exactamente lo que el otro estaba pensando.... Y lo extraño es que nada suena imposible cuando viene de ella.
Tal vez porque nos conocemos demasiado y porque somos parecidos en cosas que normalmente la gente no entiende... la dispersión mental, la intensidad silenciosa, la manera de perderse pensando mientras el mundo sigue hablando alrededor... O quizá simplemente porque después de tanto tiempo dejamos de correr en círculos alrededor de algo que siempre estuvo ahí.
No lo sé... Lo único que sé es que últimamente me gusta más la persona que veo cuando me despierto y eso… eso no me pasaba hace mucho tiempo (mucho tiempo).
Hay algo muy fuerte en nuestra historia… porque nunca nació desde la urgencia, sobrevivimos al tiempo, a los años, a las vidas separadas y a las versiones rotas de nosotros mismos, y eso casi nunca pasa.... porque mucha gente encuentra intensidad; muy poca encuentra reconocimiento.
Es por eso que creo que nosotros logramos lo más difícil: reconocernos entre millones de personas y a través de los años.
Ahora solo queda lo más simple… no volver a perdernos... Y supongo que por eso todavía puedo mirarla igual después de tantos años y sentir la misma calma que uno siente cuando por fin deja de huir de sí mismo.
[...]
A veces pienso en todas las versiones nuestras que existieron sin encontrarse del todo.
Los adolescentes bajo aquel árbol, los casi desconocidos, los amigos que fingían que ciertas miradas no significaban nada, los grillitos, las personas cansadas que siguieron cruzándose incluso cuando la vida parecía empujarlas hacia otros lugares... Y aun así, de alguna manera, seguimos llegando el uno al otro.
Tal vez eso era todo.... No encontrarnos.
Sino aprender a no pasar de largo esta vez... eso explica esta calma rara que llevo encima últimamente... Como si después de tantos años algo dentro de mí hubiera dejado, por fin, de buscar un refugio en todas partes.

