lunes, junio 9

6:15 a.m.

Subo cuatro pisos arrastrando el cuerpo como si fuera otro instrumento... todavía tengo el eco del concierto metido en el pecho, todavía me vibra el aire en la piel, como si alguien me estuviera tocando sin tocarme... La pase bien de verdad, hacia mucho que no me sentia asi, liviano, presente, sin tener que fingir estabilidad ni esconder las fugas, me rei con mis amigos y me rei con ganas, me saque los filtros y no se cayo nada... Conoci a una chica, me gustó y no se lo dije (Lo de siempre). Pero me gustó y eso ya me desarma.

Entro al departamento y todo aquí huele a lo mio: encierro y refugio, a este desorden que es mas hogar que cualquier cosa... Milo aparece como si no hubiera pasado el tiempo, salta, me choca, se enrosca, me reclama: "Me extrañaste? o solo queres comida" Le digo, pero no me responde... Me sigue, como siempre.

Cuelgo el bajo, no lo dejo tirado como otras veces, lo cuelgo con los demás instrumentos y lo abrazo con respeto, se lo ganó, se portó como nunca... me sostuvo cuando se me olvidaron las notas y me sostuvo cuando me temblaba la voz.

Me armo un porro con las manos temblando un poco pero no de nervios, sino de exceso de estimulos: la cabeza acelerada, pensamientos disparados en todas direcciones,  lo que fue, lo que no fue, lo que podria haber pasado si me animaba.. "Lo necesito para dormir" suena por ahí y juego con el encendedor... más pensamientos girandome adentro como un enjambre: Ideas, memorias, pendientes, y esa voz que me dice que la cagué aunque no haya pasado nada... que me quiere convencer de que siempre falta algo, pero no... y sí, me conozco: si no fumo, no duermo, si no paro, sigo sobrepensando hasta que me olvido de respirar.

Prendo, inhalo y siento que bajo... No al suelo, sino a mi... Me siento... Me callo... Lo intento.

Y entonces Gaia aparece, se para en la ventana y me maulla con ese tono que no discute, no me pide., me avisa: “Abre, que va a salir el sol.” Y lo hago, claro que lo hago. ¿Como decirle que no a esa mirada? ... luego se acomoda en el borde y se queda ahi en silencio, observando como si entendiera todo, como si supiera que ese momento es un ritual... No se mueve, no se apura ,parece que respira con el cielo... Y yo la miro y me dan ganas de ser como ella, de quedarme quieto sin culpa y de mirar sin tener que hacer nada con lo que veo.

Milo me muerde el tobillo y me vuelve a la tierra, me pide comida y juego al mismo tiempo... Me necesita, pero no me espera, todo al mismo tiempo... Como yo... Como mi cabeza... Como lo que siento.

Y estoy ahi, entre los dos: Gaia y Milo, entre el silencio y el ruido, entre la luz que empieza a colarse por la ventana, y el caos que me reclama desde el piso... Entre querer desaparecer, y querer que alguien me abrace sin preguntarme nada.

Estoy cansado... Con el pecho lleno y los ojos picando de sueño, pero estoy.

Y en este instante, eso me alcanza para cerrar los ojos y poder dormir.

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