lunes, diciembre 1

No me gusta diciembre.

Diciembre llega como una visita que irrumpe sin tocar la puerta... Yo puedo estar tranquilo, avanzando a mi ritmo, y de pronto este mes entra, enciende todas las luces y me exige un recuento del año y no sé qué responderle. 

Camino por las calles y el mundo parece saber exactamente qué sentir: fiesta, euforia, gratitud, todo brilla demasiado, todo hace ruido, todo pide algo... Yo, en cambio, voy zigzagueando entre estímulos: una luz que parpadea, un villancico que se repite, una sombra que se mueve y me arrastra a un recuerdo que no quiero ver. Intento volver al presente, pero se me escapa como si diciembre subiera el volumen sin preguntarme.

Este mes intensifica todo: lo pendiente, lo olvidado, lo que dolió y no quise mirar, hay momentos en que quiero ordenar mi vida entera —la habitación, los proyectos, mis emociones—, y empiezo con fuerza… hasta que algo me atraviesa y me quedo suspendido, mirando un punto fijo, sin saber cómo retomar... el tiempo cambia de forma, se estira, se encoge, se rompe.

Las luces de diciembre me cansan, no porque sean feas, sino porque parecen obligarme a sentir algo que no siento... La gente habla de abrazos, de familia, de logros, y yo solo escucho un ruido lejano, como si estuviera en otra frecuencia. Y hay recuerdos que aparecen sin permiso; olores antiguos, voces que ya no están, promesas que no supe cumplir. me atacan en los momentos más inesperados, y termino sintiéndome más fuera de lugar que nunca.

A veces, mientras todo el mundo celebra, me sorprendo imaginando que desaparezco un par de días... No es huir; es detener el mundo lo suficiente para poder respirar sin sentirme observado, sin exigencias, sin expectativas... Ser un punto suelto en un mapa donde nadie nota si me muevo o no. Pero la vida sigue llamando, incluso cuando no sé qué quiere de mí.

Hay noches de diciembre en las que vuelvo a casa y me quedo en la oscuridad, escuchando el eco de mis propios pensamientos mezclados con petardos a lo lejos (Todos lo años es lo mismo). Me digo que debería estar feliz, o al menos tranquilo, pero lo único que siento es esa mezcla extraña entre cansancio y lucidez, como si mi mente quisiera mostrarme todas mis partes al mismo tiempo.

Y aun así, en medio de este mes que agota y confunde, hay personas que llegan como un respiro inesperado... Entra sin hacer ruido, no intenta iluminarlo todo aunque no sea necesario... Simplemente estás, y en esa presencia tranquila, en esa forma suave de acompañar sin exigir, uno descubre que a veces basta una conversación, una mirada… una canción al oído, un beso que por un momento me saca del circo que tengo en la cabeza... Hay presencias que alivian sin tocar las heridas, que vuelven habitable mi propia mente...

... Y de pronto, sin anunciarse, te encuentras dispuesto a abrir una puerta que creías haber cerrado para siempre, o para la que ya no tenías llave, y entonces me pregunto cómo llegué hasta aquí? 

Con mis vacíos, mis intentos, mis contradicciones, mis momentos de brillo que se apagan rápido., con esa sensación de estar siempre un paso delante o un paso detrás de mí mismo.

Pero sigo.

De alguna manera, sigo.

Diciembre me obliga a verme de cerca, incluso cuando no quiero., me muestra lo que perdí, lo que dejé a medias, lo que todavía duele... Y aunque muchas veces me siento pequeño dentro de este mes que lo amplifica todo, también descubrí que, pese al ruido, al caos y a la confusión interna, todavía tengo ese hilo invisible que me jala hacia adelante... Y esta vez, por extraño que parezca, tengo la sensación de que algo podría ser distinto, como si por fin hubiera un camino que no se siente impuesto, ni forzado, ni ajeno.

No sé qué traerá el próximo año.

No sé cuánto podré con lo que viene, ni si encontraré el ritmo que todos parecen tener.

Pero sigo caminando.

Un poco más honesto conmigo.

Un poco menos asustado de abrir puertas.

Un poco más dispuesto a que algo bueno suceda.

Y tal vez eso no sea mucho.

Tal vez sí.

No lo sé.

Lo único que sé es que, esta vez, no solo espero sobrevivir otro año…

…sino que también quiero ver qué podría pasar si dejo que las cosas, por una vez, sean diferentes.

No hay comentarios: