miércoles, junio 11

Mereces quedarte

A veces la gente me ve y asume que soy arrogante... Por mi forma de caminar, por mi silencio, por cómo miro sin hablar. Pero no saben que es una defensa, que es más fácil parecer duro que explicar cuánto me cuesta confiar. No es orgullo lo que me rodea, es un escudo, un borde invisible tejido por años de sentirme fuera de lugar, interpretado siempre por el personaje equivocado... No es que no quiera acercarme, es que no sé si cuando lo haga, alguien va a quedarse con lo que vea.

Me cuesta hacer amigos, no por desinterés, sino porque hay una parte de mí que vive más adentro que afuera... Desde niño observé desde la esquina de las cosas, no aprendí a forzar conversaciones ni a fingir entusiasmo, mi afecto no se da por inercia, se gana en silencio con miradas que no exigen, con presencias que no invaden... Soy lento para abrirme, pero cuando lo hago, hay algo sagrado que se activa: lealtad sin condiciones: "no te prometo perfección, pero si te abro la puerta, te defiendo incluso de mí mismo" 

Hubieron veces en las que me entregué demasiado pronto, creyendo que el amor se ganaba siendo útil, dándolo todo, desapareciendo si hacía falta. Hoy lo entiendo distinto. Hoy sé que lo que no es mutuo no se sostiene, y que amar no debe implicar rendirse a uno mismo, porque me convertía en eco de lo que otros esperaban,  regalaba versiones de mí que todavía no sabía sostener... Pensaba que amar era acompañar sin condiciones, desgastarme si hacía falta, hasta desaparecer. .. Pero un día entendí que el amor que se mendiga nunca se convierte en hogar

Doy diferente ahora, doy desde lo real... No prometo constancia, pero sí verdad y si voy a estar, es con todo incluso con las partes que a veces me pesan... Y solo pido una cosa: que si alguien se acerca, lo haga sin miedo a mis bordes, que no pretenda suavizar mis aristas para hacerme encajar en una imagen cómoda, prefiero relaciones incómodas y verdaderas, antes que vínculos perfectos llenos de ausencias disfrazadas.

He aprendido a quitarme el disfraz en algunos espacios donde no tengo que actuar... Puedo estar en silencio sin ser juzgado, puedo fallar sin sentir que soy un error. Con poca gente entendí que no todo el mundo busca corregirme, que hay quienes entienden que no siempre estoy para responder enseguida, que hay días donde habito una especie de lejanía sin razón aparente, que no siempre es rechazo y a veces es solo cansancio, ruido mental, o esa necesidad de estar solo sin dejar de necesitar compañía.

Y en medio de eso, aparece ella... No voy a decir su nombre... No hace falta, solo me gusta... Y a veces me sorprendo deseando que me vea, que me descubra más allá de lo que aparento... Pero para eso tendría que bajarme del escenario, dejar el rol de espectador y atreverme a hablar sin el guion que siempre preparo. .. pero no estoy buscando que me salve, solo que no huya si un día me ve apagado.

 Hay emociones que me abruman antes de poder nombrarlas, impulsos que me empujan a aislarme justo cuando más necesito compañía... No quiero herir, no quiero repetir viejos patrones, no quiero arder ni congelar ... Solo quiero poder quedarme sin necesidad de dejar de ser quien soy...

... Y mis gatos lo saben... Gaia, con su calma serena, me recuerda que a veces estar presente no necesita palabras... Milo, en su caos impulsivo, me refleja esas partes de mí que todavía actúan antes de pensar... Ellos me sostienen sin pedir explicaciones,no me piden que me justifique, sólo ne observan desde su mundo animal con una verdad que muchas veces no encuentro en los humanos y es la capacidad de quedarse incluso cuando no soy fácil.

Y entre todo esto, está también ese aspecto de mi mente que a veces late con otro ritmo... No siempre es visible, pero está esa forma de vivir entre el ruido y el silencio, entre la lucidez intensa y el cansancio que agota sin motivo... Esa forma de distraerme en medio de una conversación y regresar diez pensamientos después, sintiéndome fuera de lugar aunque nadie lo haya notado... Lo he aprendido a manejar, lo acepto, pero a veces, aunque parezca que lo tengo bajo control, me pesa... Y no por lo que soy, sino por lo que temo que los otros vean en mi, como si necesitar más tiempo, más espacio o más pausa fuera un defecto en vez de una cualidad.

No huyas... 

No busco que me salven... 

No quiero que me acomoden... 

No busco que me arreglen... 

Solo alguien que me mire y diga: "así, sin arreglarte... también mereces quedarte."



Hablando con el espejo

—Hoy me costó abrir los ojos... Sentí que el cuerpo pesaba más de lo normal, como si el alma también hubiera envejecido de golpe... No hay una razón clara. Solo este cansancio que no se va, este vacío que no llena el sol, ni el café, ni las voces. Hoy, simplemente... me rompí un poco más.

—Y aún así estás aquí, de pie, respirando y tal vez eso no parezca mucho, pero lo es. No estás bien y lo sabes... Y sin embargo, sigues, eso también es fuerza, aunque no lo llames así.

—No quiero seguir así.... Siento que todo en mí está cediendo: Las paredes internas, los sueños, la esperanza... Quisiera una pausa... Solo una e ir a un lugar donde nadie exija nada, donde pueda quedarme quieto sin sentir culpa.

—La vida no da tregua bro, no espera a que estés listo y tampoco pide permiso para doler... Pero tú tienes derecho a detenerte, a llorar y a temblar, eso no te hace débil, te hace humano.

—¿Y si no me recompongo? ¿Si este es mi nuevo estado permanente? ¿Un cuerpo que funciona, pero un alma que apenas resiste?

—Entonces aprende a habitarte así... No como una condena, sino como un proceso;  No todo tiene que sanar para ser digno de vivirse... Puedes caminar con grietas, puedes sentirte roto y aún así ser verdadero.

—Estoy harto de fingir.... De decir “todo bien” cuando estoy al borde del colapso...De tener que rendir, producir, sonreír… cuando en realidad solo quiero desaparecer un rato.

— Entonces no finjas,no esta vez.... no conmigo.... No te pido que seas fuerte, solo que no te abandones.

—¿Y si un día no puedo más?

—Ese día me quedo contigo, pero no para arreglarte, solo para sostenerte mientras tiemblas

---

Al final, la lucha no siempre se ve heroica.

A veces se parece más a seguir respirando cuando todo duele.

A hablarte con compasión cuando el mundo solo exige.

A darte permiso para no ser perfecto, ni fuerte, ni rápido.

Resistir, a veces, es solo eso: ... No rendirte, aunque sea en silencio, aunque nadie lo vea...

Y si lo haces… eso también merece ser contado.


martes, junio 10

Miedo

Hay días en los que no me falta nada, salvo el permiso para ser.

Despierto, respiro, me levanto como si la rutina tuviera sentido por sí sola, pero ya en la segunda taza de café, cuando el mundo empieza a demandar respuestas que no pedí, vuelve... No con palabras, sino con una presencia vieja, casi familiar... Una presencia que se acomoda en el pecho y me mira como si supiera algo que yo no... Quién vuelve?

Es el miedo a no ser suficiente, no se presenta con violencia, no la necesita porque conoce cada atajo, cada rendija por la que escapo cuando algo me toca demasiado, se acomoda entre mis dudas, se disfraza de prudencia, de humildad, de autocrítica lúcida... Pero no lo es, es una caricia que aprieta con juicio que tiene una voz que me habla con mi propio timbre.

Me recuerda las veces que me quedé en silencio por miedo a parecer ridículo, las veces que elegí agradar antes que ser, las canciones que no terminé porque pensé que nadie las iba a escuchar con la misma herida con la que yo las escribía... Las miradas que desvié porque sentí que no valía el riesgo de que me vieran de verdad.

Lo peor de este miedo no es lo que me dice, es lo que me impide decir... Porque cada vez que lo escucho, me repliego un poco más, me vuelvo cuidadoso hasta la anestesia y reflexivo hasta el encierro; me saboteo desde una lógica que parece justa, pero que en realidad solo es miedo con traje de juez.... He sido testigo de mis propias renuncias disfrazadas de decisiones conscientes, he aceptado menos de lo que necesitaba por temor a incomodar., he dejado de insistir por no ser “demasiado”, por no mostrar esa parte mía que siempre siente que ama más de lo que le devuelven... 

Y sin embargo, no me rindo. No porque sea valiente, sino porque hay algo en mí que todavía necesita escribir esto, no para tener la razón ni para sanar, tal vez solo para dejar constancia de que sigo aquí..  a veces desde el margen, a veces desde el centro del dolor, pero aquí... Porque aunque ese miedo me acompañe, también aprendí a no dejarle la última palabra.

No sé si alguna vez seré suficiente... Tal vez esa no sea la pregunta correcta, tal vez se trate de otra cosa, de sostenerme en medio de la duda, de quedarme, incluso cuando todo en mí quiere huir... De seguir diciendo lo que tengo miedo de decir, aunque tiemble, aunque nadie escuche... Aunque duela.

Quizás la verdadera pregunta sea: ¿qué hacemos con lo que somos… incluso cuando creemos que no alcanza?

lunes, junio 9

6:15 a.m.

Subo cuatro pisos arrastrando el cuerpo como si fuera otro instrumento... todavía tengo el eco del concierto metido en el pecho, todavía me vibra el aire en la piel, como si alguien me estuviera tocando sin tocarme... La pase bien de verdad, hacia mucho que no me sentia asi, liviano, presente, sin tener que fingir estabilidad ni esconder las fugas, me rei con mis amigos y me rei con ganas, me saque los filtros y no se cayo nada... Conoci a una chica, me gustó y no se lo dije (Lo de siempre). Pero me gustó y eso ya me desarma.

Entro al departamento y todo aquí huele a lo mio: encierro y refugio, a este desorden que es mas hogar que cualquier cosa... Milo aparece como si no hubiera pasado el tiempo, salta, me choca, se enrosca, me reclama: "Me extrañaste? o solo queres comida" Le digo, pero no me responde... Me sigue, como siempre.

Cuelgo el bajo, no lo dejo tirado como otras veces, lo cuelgo con los demás instrumentos y lo abrazo con respeto, se lo ganó, se portó como nunca... me sostuvo cuando se me olvidaron las notas y me sostuvo cuando me temblaba la voz.

Me armo un porro con las manos temblando un poco pero no de nervios, sino de exceso de estimulos: la cabeza acelerada, pensamientos disparados en todas direcciones,  lo que fue, lo que no fue, lo que podria haber pasado si me animaba.. "Lo necesito para dormir" suena por ahí y juego con el encendedor... más pensamientos girandome adentro como un enjambre: Ideas, memorias, pendientes, y esa voz que me dice que la cagué aunque no haya pasado nada... que me quiere convencer de que siempre falta algo, pero no... y sí, me conozco: si no fumo, no duermo, si no paro, sigo sobrepensando hasta que me olvido de respirar.

Prendo, inhalo y siento que bajo... No al suelo, sino a mi... Me siento... Me callo... Lo intento.

Y entonces Gaia aparece, se para en la ventana y me maulla con ese tono que no discute, no me pide., me avisa: “Abre, que va a salir el sol.” Y lo hago, claro que lo hago. ¿Como decirle que no a esa mirada? ... luego se acomoda en el borde y se queda ahi en silencio, observando como si entendiera todo, como si supiera que ese momento es un ritual... No se mueve, no se apura ,parece que respira con el cielo... Y yo la miro y me dan ganas de ser como ella, de quedarme quieto sin culpa y de mirar sin tener que hacer nada con lo que veo.

Milo me muerde el tobillo y me vuelve a la tierra, me pide comida y juego al mismo tiempo... Me necesita, pero no me espera, todo al mismo tiempo... Como yo... Como mi cabeza... Como lo que siento.

Y estoy ahi, entre los dos: Gaia y Milo, entre el silencio y el ruido, entre la luz que empieza a colarse por la ventana, y el caos que me reclama desde el piso... Entre querer desaparecer, y querer que alguien me abrace sin preguntarme nada.

Estoy cansado... Con el pecho lleno y los ojos picando de sueño, pero estoy.

Y en este instante, eso me alcanza para cerrar los ojos y poder dormir.

...como un perro callejero.

Me estaba acostumbrando a estar solo, no a esa soledad poética que se vende en frases lindas en libros de autoayuda, sino la otra, la que no tiene filtro... La que se siente como abrir los ojos a las tres de la mañana y no saber si ya dormiste o todavía no, esa que no duele como una herida abierta, pero se va pudriendo despacio. y te deja hueco.

Los días pasan como hojas sueltas, se parecen tanto entre sí que a veces dudo si viví el día o solo lo imaginé, me despierto tarde, con mil ideas dando vueltas, pero sin energía para agarrar una.. pongo música fuerte para distraer el ruido interno, fumo hasta que me entumesco y luego dibujo algo... me pierdo, me quedo, me olvido...  a veces ni siquiera tengo hambre, solo escucho un podcast con la esperanza de que una voz externa le dé sentido al ruido que llevo adentro.

Mis gatos me acompañan, una duerme encima mío, el otro da vueltas por ahí, como si fueran dos partes de mí mismo: la que busca calor y la que busca escape... Y yo me quedo ahí, en esa mezcla rara de lucidez y parálisis como si todo pasara… sin mí.

Reconozco mis heridas, sé de dónde vienen, sé cuándo se abrieron... Algunas tienen nombres, otras solo fechas, no las niego, pero tampoco las curo.. No por orgullo ni por abandono, simplemente no sé cómo pero las dejo estar... Como un perro callejero, se lame la herida, se revuelca en tierra y se tira a esperar bajo el sol... No por fe, sino porque qué otra cosa queda.

Yo soy así.... Me lamo las heridas con humo, con canciones, con trazos... Me tiro en mi espacio con la misma rutina que otros van a misa, Y espero... No sé qué, tal vez que algo cambie... tal vez que algo se apague.

No estoy triste todo el tiempo... A veces incluso me río de esta forma absurda de habitarme, pero hay noches —y son muchas— donde ni el arte alcanza, ni la música abriga, ni el cuerpo responde... Y ahí es cuando todo se siente igual: yo, en esta especie de caparazón, con dibujos a medio hacer, playlists recicladas, y esa sensación de estar perdiéndome sin moverme.

La rutina se volvió un espejo, y cuando me veo desde afuera… me deprimo, no porque me odie, sino porque no sé si me reconozco... Antes hacía cosas con alguien, planeaba, compartía... Ahora lo hago solo, y sí, tengo libertad… pero también un vacío raro, como si nada tuviera propósito sin testigo.

Puedo hacer lo que quiera sin rendirle cuentas a nadie, pero ¿para qué discutir conmigo mismo?... A veces siento que me hablo solo y ni yo me escucho, como si no bastara con estar conmigo, aunque me esfuerzo en que así sea.. No es dependencia, es solo que, a veces, compartir da sentido y no tener con quién, duele.

No hay drama.

No hay épica.

Hay vida.

Una vida sostenida por hilos invisibles, que no se rompen… pero tampoco abrazan.

Y aún así, cada noche, cuando me acuesto con esa mezcla de hartazgo, humo y resignación,

queda algo encendido...

Chiquito.

Callado.

Obstinado.

Una voz que no grita, pero insiste: "no te vayas... aún no"