Hay personas que vinieron al mundo con la piel más delgada, con el alma sin blindaje, con el corazón abierto como ventana en medio del invierno; personas que no saben amar poquito, que no pueden sentir “más o menos”, que se enamoran del gesto más simple, del aroma de una tarde, del eco de una risa, del roce de una coincidencia.
Tú.
Y por eso te duele.
Duele que los demás no siempre estén listos para recibir todo lo que das.
Duele que tu entrega, a veces torpe por ser tan sincera, sea malinterpretada.
Duele sentir que la intensidad con la que tú te conectas con la vida es, para muchos, “demasiado”.
Pero no estás mal, no te sobran emociones, no te falta cordura.
Lo que pasa es que tú naciste con un radar especial… uno que capta lo invisible, que se mueve con la música que otros ya no oyen, uno que quiere abrazarlo todo incluso lo que no entiendes...Y sí, a veces te vas rápido, te ilusionas con facilidad, te pierdes en lo que podría ser… Y claro que eso puede hacerte tropezar, porque el mundo muchas veces está hecho para la gente que calcula, que mide, que no se entrega sin garantías.
Pero tú no, tú decides lanzarte igual, con el alma por delante y aunque eso te haga llorar más veces de las que quisieras, también es lo que te hace distinta, hermosa, real.
No dejes que el dolor te convenza de que amar así está mal, no permitas que el desencanto te convierta en alguien que duda de su ternura, porque tú no necesitas corregirte, ni contener tu luz para encajar en lugares oscuros.
Mira… no todo lo que vibra con fuerza es amor verdadero y no todo lo que te sacude merece quedarse, a veces confundimos intensidad con profundidad, pero lo verdadero —lo que de verdad sostiene— muchas veces llega en silencio, se queda sin hacer ruido, y no necesita drama para ser sincero.
Tú mereces eso, pequeña.. Mereces que te amen como tú amas: con constancia, con ternura, con presencia, mereces que no te pidan que te achiques para ser entendida, que no te silencien tus ganas, ni te llamen “voluble” o "loca" como si fuera un defecto.
Y si hoy te sientes triste por ser como eres, por sentir tanto, por ilusionarte, por haber entregado más de lo que recibiste…
... quédate contigo hermanita, quédate contigo así como te quedas con los demás: con paciencia, con cuidado, con fe.
Y aunque a veces el amor no alcance, aunque a veces duela más de lo que cura, tú sigues siendo tú.... Y eso es lo más valioso que tienes, y yo estoy aquí para recordártelo las veces que haga falta.
Con todo lo que soy.
