martes, junio 10

Miedo

Hay días en los que no me falta nada, salvo el permiso para ser.

Despierto, respiro, me levanto como si la rutina tuviera sentido por sí sola, pero ya en la segunda taza de café, cuando el mundo empieza a demandar respuestas que no pedí, vuelve... No con palabras, sino con una presencia vieja, casi familiar... Una presencia que se acomoda en el pecho y me mira como si supiera algo que yo no... Quién vuelve?

Es el miedo a no ser suficiente, no se presenta con violencia, no la necesita porque conoce cada atajo, cada rendija por la que escapo cuando algo me toca demasiado, se acomoda entre mis dudas, se disfraza de prudencia, de humildad, de autocrítica lúcida... Pero no lo es, es una caricia que aprieta con juicio que tiene una voz que me habla con mi propio timbre.

Me recuerda las veces que me quedé en silencio por miedo a parecer ridículo, las veces que elegí agradar antes que ser, las canciones que no terminé porque pensé que nadie las iba a escuchar con la misma herida con la que yo las escribía... Las miradas que desvié porque sentí que no valía el riesgo de que me vieran de verdad.

Lo peor de este miedo no es lo que me dice, es lo que me impide decir... Porque cada vez que lo escucho, me repliego un poco más, me vuelvo cuidadoso hasta la anestesia y reflexivo hasta el encierro; me saboteo desde una lógica que parece justa, pero que en realidad solo es miedo con traje de juez.... He sido testigo de mis propias renuncias disfrazadas de decisiones conscientes, he aceptado menos de lo que necesitaba por temor a incomodar., he dejado de insistir por no ser “demasiado”, por no mostrar esa parte mía que siempre siente que ama más de lo que le devuelven... 

Y sin embargo, no me rindo. No porque sea valiente, sino porque hay algo en mí que todavía necesita escribir esto, no para tener la razón ni para sanar, tal vez solo para dejar constancia de que sigo aquí..  a veces desde el margen, a veces desde el centro del dolor, pero aquí... Porque aunque ese miedo me acompañe, también aprendí a no dejarle la última palabra.

No sé si alguna vez seré suficiente... Tal vez esa no sea la pregunta correcta, tal vez se trate de otra cosa, de sostenerme en medio de la duda, de quedarme, incluso cuando todo en mí quiere huir... De seguir diciendo lo que tengo miedo de decir, aunque tiemble, aunque nadie escuche... Aunque duela.

Quizás la verdadera pregunta sea: ¿qué hacemos con lo que somos… incluso cuando creemos que no alcanza?

No hay comentarios: