A veces la gente me ve y asume que soy arrogante... Por mi forma de caminar, por mi silencio, por cómo miro sin hablar. Pero no saben que es una defensa, que es más fácil parecer duro que explicar cuánto me cuesta confiar. No es orgullo lo que me rodea, es un escudo, un borde invisible tejido por años de sentirme fuera de lugar, interpretado siempre por el personaje equivocado... No es que no quiera acercarme, es que no sé si cuando lo haga, alguien va a quedarse con lo que vea.
Me cuesta hacer amigos, no por desinterés, sino porque hay una parte de mí que vive más adentro que afuera... Desde niño observé desde la esquina de las cosas, no aprendí a forzar conversaciones ni a fingir entusiasmo, mi afecto no se da por inercia, se gana en silencio con miradas que no exigen, con presencias que no invaden... Soy lento para abrirme, pero cuando lo hago, hay algo sagrado que se activa: lealtad sin condiciones: "no te prometo perfección, pero si te abro la puerta, te defiendo incluso de mí mismo"
Hubieron veces en las que me entregué demasiado pronto, creyendo que el amor se ganaba siendo útil, dándolo todo, desapareciendo si hacía falta. Hoy lo entiendo distinto. Hoy sé que lo que no es mutuo no se sostiene, y que amar no debe implicar rendirse a uno mismo, porque me convertía en eco de lo que otros esperaban, regalaba versiones de mí que todavía no sabía sostener... Pensaba que amar era acompañar sin condiciones, desgastarme si hacía falta, hasta desaparecer. .. Pero un día entendí que el amor que se mendiga nunca se convierte en hogar
Doy diferente ahora, doy desde lo real... No prometo constancia, pero sí verdad y si voy a estar, es con todo incluso con las partes que a veces me pesan... Y solo pido una cosa: que si alguien se acerca, lo haga sin miedo a mis bordes, que no pretenda suavizar mis aristas para hacerme encajar en una imagen cómoda, prefiero relaciones incómodas y verdaderas, antes que vínculos perfectos llenos de ausencias disfrazadas.
He aprendido a quitarme el disfraz en algunos espacios donde no tengo que actuar... Puedo estar en silencio sin ser juzgado, puedo fallar sin sentir que soy un error. Con poca gente entendí que no todo el mundo busca corregirme, que hay quienes entienden que no siempre estoy para responder enseguida, que hay días donde habito una especie de lejanía sin razón aparente, que no siempre es rechazo y a veces es solo cansancio, ruido mental, o esa necesidad de estar solo sin dejar de necesitar compañía.
Y en medio de eso, aparece ella... No voy a decir su nombre... No hace falta, solo me gusta... Y a veces me sorprendo deseando que me vea, que me descubra más allá de lo que aparento... Pero para eso tendría que bajarme del escenario, dejar el rol de espectador y atreverme a hablar sin el guion que siempre preparo. .. pero no estoy buscando que me salve, solo que no huya si un día me ve apagado.
Hay emociones que me abruman antes de poder nombrarlas, impulsos que me empujan a aislarme justo cuando más necesito compañía... No quiero herir, no quiero repetir viejos patrones, no quiero arder ni congelar ... Solo quiero poder quedarme sin necesidad de dejar de ser quien soy...
... Y mis gatos lo saben... Gaia, con su calma serena, me recuerda que a veces estar presente no necesita palabras... Milo, en su caos impulsivo, me refleja esas partes de mí que todavía actúan antes de pensar... Ellos me sostienen sin pedir explicaciones,no me piden que me justifique, sólo ne observan desde su mundo animal con una verdad que muchas veces no encuentro en los humanos y es la capacidad de quedarse incluso cuando no soy fácil.
Y entre todo esto, está también ese aspecto de mi mente que a veces late con otro ritmo... No siempre es visible, pero está esa forma de vivir entre el ruido y el silencio, entre la lucidez intensa y el cansancio que agota sin motivo... Esa forma de distraerme en medio de una conversación y regresar diez pensamientos después, sintiéndome fuera de lugar aunque nadie lo haya notado... Lo he aprendido a manejar, lo acepto, pero a veces, aunque parezca que lo tengo bajo control, me pesa... Y no por lo que soy, sino por lo que temo que los otros vean en mi, como si necesitar más tiempo, más espacio o más pausa fuera un defecto en vez de una cualidad.
No huyas...
No busco que me salven...
No quiero que me acomoden...
No busco que me arreglen...
Solo alguien que me mire y diga: "así, sin arreglarte... también mereces quedarte."

No hay comentarios:
Publicar un comentario