Hoy desperté un poco a destiempo, con la cabeza en mil direcciones y esa sensación extraña que trae diciembre. Pero ella estaba ahí, mirándome con esos ojos verdes que parecen una pausa en medio del ruido. No dice nada, no exige nada… solo existe, y con eso basta para que el día no se sienta tan inclinado hacia el caos.
Mientras me alisto para salir, pienso en todo lo que me espera afuera, en lo que podría pasar, en lo que quizá no. Y aun así, verla tan tranquila, escondida entre sombras y luz, me acomoda algo por dentro. Es como si me recordara que no tengo que correr para alcanzarme.
A veces basta un par de ojos observándote en silencio para que la mañana tenga sentido. Hoy, fue eso. Y está bien


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