Ella no busca brillar, y tal vez por eso termina brillando sin querer, ella camina como si el mundo no tuviera apuro y parece estar siempre un poco fuera de lugar, como si no encajara del todo, pero sin molestarse por eso... Tiene esa forma de estar sin hacerse notar, de existir sin necesidad de llamar la atención, y eso... eso me atrae más que cualquier grito por ser vista, por que las cosas bonitas no necesitan llamar la atención...
Y yo... yo estoy en un momento extraño, he cerrado una etapa que me pesaba, por primera vez en mucho tiempo no cargo con el mismo dolor de antes, me siento más liviano, más presente... He aprendido a estar solo sin sentirme perdido y no necesito que alguien llegue a completarme, solo quiero andar y volver a encontrarme... y en verdad, no quiero llevar a nadie a un lugar donde yo mismo estoy aprendiendo a estar.
A veces tengo ganas de decirle lo que siento, me imagino tomando valor y acercarme para decirle que me gusta su forma de estar en el mundo, que me dan ganas de conocerla más, sin máscaras ni juegos, salir, conversar, compartir un par de atardeceres sin pretensiones... Pero no lo hago, y no lo haré... Hay una distancia sutil entre su momento y el mío, no por los años, sino por las vivencias... es por el ritmo con el que cada uno camina, y yo quiero forzar nada, no quiero ser un peso. Me basta con que de algún modo, sin palabras, sepa que hay alguien que la ve con algo de ilusión, que la respeta tal como es, y que prefiere quedarse a una distancia que no haga daño; sin invadir, sin romper... Solamente ahí, en silencio, cuidando que su historia siga siendo suya... porque no quiero romper nada, no quiero que su camino se tuerza por el mío.

No hay comentarios:
Publicar un comentario