Nació en una ciudad donde el frío cala hasta los huesos y el viento arrastra historias y nostalgia, donde la lluvia cae sin aviso, borrando las huellas de quienes intentan quedarse, ahogando palabras antes de que puedan convertirse en promesas, lavando los recuerdos hasta que solo queda la sensación de lo que alguna vez fueron... Un lugar donde la vida parece moverse más lento, pero el tiempo siempre encuentra la forma de arrastrarlo todo.
Creció rápido, entre cerros, calles empedradas y el frío del lago... Aprendió a soportar la soledad antes de entenderla, a callar cuando todo en su cabeza gritaba, siempre sintió que había algo en él que no encajaba del todo, una inquietud constante que lo hacía oscilar entre la necesidad de compañía y el impulso de alejarse... Los días pasaban entre notas inacabadas y pensamientos que iban más rápido de lo que podía procesar, una tormenta en la que a veces se perdía, otras se escondía.
La música llegó como una respuesta a preguntas que nunca supo formular... Fue lo único que tuvo sentido cuando el mundo parecía demasiado ruidoso, cuando todo exigía demasiado, se aferró a ella con la intensidad de quien sabe que lo único que tiene es su voz, sus manos y un par de acordes que nunca suenan igual dos veces... Con ella podía callar el caos por un momento, hacer que todo encajara aunque fuera solo en el instante en que tocaba.
Amó una vez, tal vez… nunca lo supo y siempre tuvo miedo de averiguarlo porque amar significaba perder el control, dejar que alguien más viera las partes que él mismo evitaba mirar... significaba quedarse, cuando todo en su interior siempre había estado listo para huir y él nunca fue bueno con eso. A veces se convencía de que lo había sentido, de que había dejado caer las barreras pero la sensación de vacío siempre volvía, la certeza de que, por más que intentara, algo en él seguía al margen, sin entregarse del todo... Tal vez confundió el amor con la costumbre de extrañar.
Y entonces la vio... Fue la primera vez que la vio tocar guitarra, la primera vez que la escuchó reír... Algo en su manera de sostener el instrumento, en la forma en que sus dedos recorrían las cuerdas como si fueran parte de ella, en la intensidad con la que cerraba los ojos en cada nota, lo dejó sin aire, lo desarmó por completo... Fue un golpe seco en el pecho, una sacudida que lo dejó sin defensas... Como si hubiera pasado años esperando ver algo así, sin saber que lo estaba buscando.
No fue inmediato, no fue un incendio, sino una llama que se fue avivando con cada encuentro, con cada noche en la que la música reemplazó las palabras, con cada risa que no necesitaba explicación... Fue algo que se fue metiendo como la tinta bajo la piel, con el mismo dolor y el mismo placer de hacerse un tatuaje... Fue la acumulación de acordes que encajaban mejor que las frases ensayadas, de silencios que no pesaban, de una presencia que empezó a sentirse como hogar... Y sin darse cuenta, empezó a necesitarla más de lo que estaba dispuesto a admitir... Amó ésa vez.
Pero había algo en él que siempre estaba a punto de irse, algo que lo hacía retroceder justo cuando todo parecía encajar, no sabía cómo quedarse sin sentirse atrapado, no sabía cómo explicar que a veces el miedo a perder algo lo hacía destruirlo antes de que tuviera la oportunidad de romperlo a él... Ella lo notó pero no lo entendió... Y un día, se cansó de preguntar, de creer y de confiar
Ella se fue... se fue con su risa, su guitarra y su cabello siempre revuelto… todo se convirtió en un eco distante. Una melodía que solía conocer y ahora apenas podía recordar con claridad... A veces, en medio de la noche, creía escuchar su voz entre los acordes de una canción olvidada, pero era solo el viento. solo el tiempo, arrastrando lo que quedaba de ella, desdibujando su rostro, su tacto, su forma de mirarlo... Se fue, y con ella se llevó algo más que su presencia; porque se llevó la certeza, la calma, la idea de que esta vez podría ser diferente.
El tiempo siguió, pero él se quedó entre bocanadas de humo y acordes sin terminar, entendió que olvidar no era una opción, solo una mentira bien ensayada. Los días pasaban y él los dejaba ir, sin sostenerlos, sin luchar contra ellos... Se dejó consumir por la rutina de la ausencia, por la inercia de seguir respirando sin sentir que realmente estaba viviendo.
Hasta que una noche, entre lluvias por terminar y atardeceres por empezar, subió a lo más alto que pudo... Desde ahí, donde la ciudad se volvía un murmullo y el lago devoraba el horizonte, le gritó al viento que ya no aceptaba este dolor, que estaba cansado, que no quería seguir sosteniendo un recuerdo que lo ahogaba... Que ya no le bastaba sobrevivir....
Las manos frías y la guitarra a la espalda... Tocó sin pensar, dejó que las cuerdas hablaran por él... Y entonces, el viento le respondió... No hubo redención, ni certezas, no hubo alivio inmediato, pero cuando bajó esa noche, algo en él había cambiado.
El vacío seguía ahí, los recuerdos también, pero por primera vez en mucho tiempo, entendió que el dolor no iba a matarlo... Que no necesitaba deshacerse de él para seguir adelante.

1 comentario:
☺️ Tu eres ese rayito de luz q alumbra a las personas a tu alrededor así q deja de pensar en desaparecer. Además me debes mi promesa 🫡 pequeño bambi 🐣
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