viernes, febrero 5

GUARDIANES DE LA CALLE


La única verdad indiscutible que existe en la vida es, paradójicamente, la muerte. Es el factor común de todos los seres humanos, ya sean negros o blancos; hombres o mujeres; ricos o pobres. Ya que la muerte es segura, lo mejor que podemos hacer es vivir con decencia hasta el momento en que la temida calavera de túnica negra, de una más que lúgubre figura y de voz más oscura, llame a nuestra puerta. Lo que ocurre es que en este mar llamado ciudad, en el que tantos navegamos con dignidad, existen náufragos que no disfrutan de nuestra misma suerte. Hombres parcheados que parecen escapar de las noches bohemias de Puno, directamente rendidos y ahogados en un cartón del tinto más barato de Queirolo, y otros que tratan de convencer al serenazgo que por su calle pasa, a través de un cartulina mal escrita, de que su bebé necesita una operación urgente que el no podrá pagar, dada la evidencia que nos regalan sus cicatrices en piernas y brazos. En ellos, el derecho a vivir dignamente no existe. Muchos prefieren agarrarse al clavo ardiendo del olvido ahogando sus penas en botellas, una barata bolsa de terocal o las sobras de la pollería, y todo aquello que les sirva para, aunque por unas pocas horas sea, abandonar este mundo de lo absurdo en el que vivimos. Digo absurdo porque por un segundo me he detenido en su tremenda situación. Las calles centricas de esta muchas veces Ciudad Gris, vemos todos a una señora de unos cincuenta años sentada o tumbada en un cartón, y acompañado de su perro se cobija malamente en la cutre esquina de peatones, la calle donde todas las sedes bancarias. Qué paradoja, ¿no? Cada vez que paso por su lado trato de meterme en su piel, y siempre llego a la conclusión de que, ya que la mayoría de la gente (entre la que me incluyo) no hace nada por ellos, lo mínimo que se merecen por nuestra parte son esas monedas amarillas en nuestros bolsillos, a lo mejor debería ser el respeto, el respeto a sus vidas...
Puno, por tamaño y número de habitantes, se sitúa en un punto medio entre una ciudad pequeña y un pueblo grande. A su ventaja de tener la mayoría de recursos necesarios de toda ciudad, se le añade la comodidad de tenerlo todo a quince minutos. Es lo bueno (o lo malo) que tienen las ciudades pequeñas. Cuando paseas por sus calles sabes perfectamente qué y a quiénes te vas a encontrar. Siempre son las mismas calles, siempre la misma gente: el quiosquero, la vecina, el viejo hombre amargado de parque… Eso es algo impensable en una gran ciudad, creo.
Ayer mis caminatas rutinarias mas que diarias, un grupo de chiquilos cruza la esquina de la calle Tacna y en su camino se interpone uno de los guardianes de la calle. El "Tio Bob", nombre con el que es conocido, es uno de los más famosos de la urbe. Todos los grupos de jóvenes le conocen, y en cuanto le ven aparecer a todos se les ilumina la mirada. Lejos de constituirse éste como un acto de cariño, como si de salvajes monstruos sin sentido se tratase, ven en el estropeado mendigo un blanco más que fácil para sus bromas, y el más “avanzado” de la manha comienza con el ataque y la ridiculización. Según la Real Academia de la Lengua Española, diría que la causa es que “por su rareza o extravagancia mueve o puede mover a risa”, pero es la cobardía de la adolescencia; el miedo a la vida justa y al respeto; la imitación de esa sucia costumbre imponente que nos hace iguales a todos. No igual de libres, no igual en cuanto a derechos y deberes, sino componentes de una masa en la que muy pocos destacan por ser diferentes y únicos. Cada uno de estos “salvajes” es un cobarde, un hijo de los tiempos de un estúpido auge de las modas estúpidas, como las de burlarse de los maltratos físicos que sufre cada día uno de estos pobres muertos vivientes.
Resulta muy sencillo reírse de ellos, pero cabría preguntarse si los que están realmente muertos por dentro no son los que, al cruzarse con uno de estos personajes, no se ponen por un instante en su pellejo...

2 comentarios:

Falaz dijo...

manten los ojos abiertos hasta q no aguantes el pestañear

verdad q lagrimeaste?

GaBiTiTiTa dijo...

intercambiemos opiniones!
tu escritura es muyy esquizita, piensas mucho recuerdas mucho y lo escribes eres libre pero creo q solo al escribir jeje..... q particular forma de los titulos interesentate relato, creo q las cosas cotidianas son intensas cuando las ves con los ojos del corazón! cdt Bam abrazos